¿Eres de esas personas que quieres a tu perro como a tu propio hijo (o casi)?

¿Eres de esas personas que quieres a tu perro como a tu propio hijo (o casi)?

Mascotas conjuntadas con los complementos de sus dueños, que pasean en cochecitos de bebé, comen lo mismo que hay en nuestras mesas o son tratados como niños pequeños. En ocasiones, humanizamos a nuestros animales y las consecuencias para nuestros compañeros de cuatro patas pueden derivar en problemas de comportamiento, como la agresividad.

La humanización de nuestras mascotas, lejos de resultar equilibrada y saludable, despierta en el animal diversas alteraciones de conducta, como confirman muchos estudios en donde se asegura que la mayoría de los perros que viven con sus dueños presentan agresividad, miedo o ansiedad y que dichos procesos pueden estar asociados al estrés, “derivados, en muchos casos, de la sobreprotección”.

La tendencia es proyectar características humanas en los perros o gatos que no se ajustan a la realidad. Es el caso de un animal que se acerca a la mesa a pedir comida, nos pone caritas y cedemos. Quizá no tenga ni hambre, pero ha aprendido determinadas pautas de comportamiento en ciertos contextos para conseguir lo que quiere.

Las personas que conviven con un perro o un gato tienen la responsabilidad de sentar las bases adecuadas para que su animal esté sano, tanto física como psicológicamente. Uno de los errores más habituales en la convivencia y educación de nuestros compañeros de cuatro patas es su humanización. El veterinario es quien mejor puede resolver nuestras dudas en este sentido. Conviene consultarle cualquier problema que surja en la convivencia con el animal, porque cuanto más sepamos sobre el tema, menos tenderemos a tratarle como a una persona y más le comprenderemos y respetaremos su naturaleza.

Los cachorros de perros y gatos resultan irresistibles por su aspecto tierno y desvalido. Esta atracción produce que las personas se derritan frente a las crías y los traten como a niños pequeños. Éste acto en ocasiones es inevitable, pero conviene evitar caer en el error y ofrecer al perro lo que necesita: normas, rutina, enseñarle a obedecer órdenes básicas y tratarle y hablarle como corresponde a su especie y no como si fuera una persona, porque puede dar lugar a malos entendidos y confusión en el animal.

De igual manera debemos ser comprensivos. Los perros ladran, sueltan pelo en casa, lamen sus genitales y los de otros congéneres como forma de relacionarse y se revuelcan en sustancias con aromas que nos desagradan. Se trata de su manera de comunicarse o lavarse y forma parte de su instinto ancestral, por lo que conviene conocer la razón por la que lo hacen para no asignarles características como equivocas.
Existe un paradigma que consiste en intentar que nuestros animales se adapten a nuestro entorno a costa de su bienestar y salud, destacando en éste caso la amputación de las uñas del gato. Las garras felinas son una herramienta fundamental a la hora de comunicarse, alimentarse y sobrevivir. Cuando afila sus uñas deja partículas olorosas para sus congéneres con información sobre sexo, edad y disponibilidad para procrear. Pero también le sirven para trepar, andar o cazar. Algunos dueños quieren evitar que las garras del gato destrocen su casa y optan por la amputación de los tendones de las uñas.

Las principales formas de humanizar a nuestras mascotas son:

–          Sobrealimentarlos

–          Disfrazarlos

–          Integrarlos en costumbres y rituales humanos

–         Confundir emociones caninas con humanas

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